Ola
Hola ❤
Me encanta el mar, me gustan los animales,
disfruto mucho amar, reír, jugar... disfruto también del aire, la lluvia y el sol... tengo ganas de ser artesana, un astronauta y un dinosaurio, una ballena, pasear con aliens, viajar a Andrómeda, hacer música o ser historiadora, poeta, escritora... entre muchas cosas más 😊.
Sin embargo, algo en mí está fracturado y nunca volverá a repararse. ¿Qué medidas debo tomar, cuando se me acaba la gota del vaso y quedo seca? Busco el agua. Siempre hay agua, tengo la convicción. A veces está bajo la tierra, a veces sobre las nubes. A veces el agua se esconde, escurridiza, entre alguna grieta o corre con el aire a otros espacios... Me agoto, cierro los ojos, ¿podría encontrar el agua bajo mis ojos? ¿en mis sueños?
Nunca pude ser normal, nunca lo fui ni lo seré. Me siento
diferente y sé que soy diferente. Mi interno, al igual que el de otros como yo, o como tú, es distinto. No es mejor ni peor,
es distinto. A veces cometo acciones que atentan contra mi vida, mi
autoestima, mi dignidad... mi estabilidad... Soy esa que se rasca hasta sangrar. Pero también
conozco el amor y sé amar, he perdonado y me perdonan, siento y veo a Dios porque yo soy. Salvé mi vida a
través de otros como yo y esos otros salvan su vida a través de mí. Así logro funcionar o ser de utilidad. Un corazón que se
agota y se vuelve a llenar, a diario... ese es mi vaso suministrándose agua.
Llegando a este punto, no hay vuelta atrás. Se desvanecen viejas ideas, el pasado pierde gobierno, llega una libertad con sabor a café, dulces y música. Llegando a este punto, se aprecia cierta calma profunda, un abrazo mar adentro, un agradecimiento profundo como el mar.
Para este viaje ya pagué mi boleto: sufrir por no ser normal, querer ser normal y aparentar inadaptabilidad ante la frustración de un ego retorcido y victimizado. Estar ocultando tanto miedo, tanta debilidad, soledad, culpa, resentimientos, confusión... y un largo etcétera alimentando mi egoísmo, mi condena de muerte, mi desahucio.

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