Mis fiebres misteriosas
Las “fiebres misteriosas” no tenían nada de misteriosas, el pueblo las conocía y sabía morir. Pero el médico el señor del saber ante su falta de conocimiento decidió llamarlas las fiebres de un misterio tal que no pasaban del sentido común. El médico más reconocido de la época, también el más arriesgado, atrevido y peleonero, se puso a cocinar. Muchos caldos y sopas salieron de la mente de este gran hombre, cuyo interés principal era curar a los enfermitos de la Ciudad. Lo recuerdo bien. Era el año de 1813 y estábamos en guerra. Nosotros no, ellos. Los médicos no, los otros ellos, los ejércitos insurgente y realista. La enfermedad nos asoló. Moríamos. Unos aquí, otros allá. El control estaba totalmente descontrolado. Los médicos no dejaban de verse atractivos. La inteligencia los dotaba de una extraño atavío de fina superioridad. Pobres facultativos, no supieron siquiera de dónde vino la fiebre ni a dónde iba, ni a dónde fue después de las múl...