Para un poema
Estoy lista para un poema, los dedos me queman. Las palabras desean salir, unirse a un cuerpo. Pero no tomo el papel o la computadora y comienzo a escribir. Pienso antes de escribir y a veces pensar no termina. Realmente pensar jamás termina. Al principio los nervios me dominan, las letras salen con temor, quizás sabiendo que no estoy segura de ellas, que no confío en ellas y ellas actúan así, rechazadas, temerosas igual que yo. El poema continúa, las primeras letras son las sacrificadas. A mitad del poema me empiezo a liberar. Ya no tengo miedo, los nervios se han disipado. Las letras cobran valentía. Se lanzan, salen, es su única oportunidad para convertirse en un poema y lo hacen. Vibran, se consolidan, son tan hermosas. El final llega solo, la última palabra en la fila sabe que es la terminación del cuerpo. Sale y se posa, se sienta, sonríe. El poema ha terminado. Ellas y yo estamos liberadas. Listas para la próxima aventura.