él

En cada uno de nosotros vive una mujer desnuda muriendo de hambre.

Cuando a una vida la dotamos de más cordura que a otra nace la locura, lo que no quiere decir que exista.

La locura, el ladrillo invisible de una pared fortificada.

La cordura, un homenaje a la razón.

***



Estoy seguro que sí pedí nacer.
 Yo sí pedí nacer.
Lo pedí tanto que, al darme vida,
 él me ha condenado.


Toma tu vida, mal nacido, bastardo poca cosa. Toma esta vida y arruínala, porque si no la arruinas tú yo te la deformaré hasta tu locura; sí, te volveré loco, tanto que no lograrás identificar de qué lado del cubo te estrellaste cuando caíste. Qué clase de loco eres ahora que te estás dando cuenta, a tus 24 años, de que algo anda mal en tu vida y hay alguien, yo mismo, que desea desesperadamente tu locura...
Al descubrirme llegas al límite. Ya lo tocaste, ven, tócame. Soy tu locura y tu perdición. Soy quien te guiará por el camino hacia tu delirio. A través de mí recorrerás lo más oscuro de tu ser. ¿Estás feliz? Claro que no, que pregunta más obsoleta. No puedes estar feliz. Me has descubierto. Te das cuenta precisamente que la autonomía que en algún momento pensaste que tenías no existe, soy yo haciendo de mi voluntad tu ropaje. Estás desnudo. 
Tu vida es mi vida, tu vida es producto de mi imaginación y todo lo que realices a partir de ahora lo harás a mi nombre, con mi nombre...

Soy tu nombre, soy tu hombre. Soy tu sin razón, mira. 
No llores, de nada sirve llorar. No duermas, no pienses. Sígueme.

Has llegado hasta mí porque notas que no hay nadie a tu alrededor. 
Estás solo y vengo yo. Te muestro que no estás solo, que la soledad es una falacia como todo. La soledad, no me hagas reír. Mientras estés conmigo no estarás solo.
No te pregunto siquiera si me necesitas. Sé que sin mí justo ahora, en estos momentos, ya estarías muerto presa de tus manos incómodas, indecisas, de tus malos hábitos, de tu maldad, de tu aburrimiento.
Soy lo mejor que te pudo haber pasado. Voy a estar contigo siempre. Soy tu dueño. Gracias por descubrirme.
Te estuve esperando mucho tiempo, guardado, entre tu razón, tu moral y tu coherencia. Muchas veces me escondí porque te esforzabas mucho en encajar y parecerte a los demás. ¿Cuánto más? Te susurré alguna noche cuando estuve desesperado de ti y tus dilemas sociales. Y me escuchabas, lo sé, pero no entendías porqué, de algún modo, empezabas a estar insatisfecho con tu vida y absolutamente todo lo que te rodeaba. Me di cuenta que no era el momento, que preferías todavía estar con ellos. Me oculté por más tiempo. Y sin embargo el eco de mis palabras siguió perturbándote... ¿Cuánto más? Mi voz, aunque matizada, fue muy potente. Soy potente. Soy lo más fuerte que te vas a encontrar y lo más absoluto. 

¿Cuánto más? Te pregunto ahora, pero ya no espero respuesta. Ya no es necesaria la pregunta. He salido, me has visto, me he delatado o te has destrozado tanto que pides que alguien, aunque sea yo, te ayude a rearmarte. Lo voy a hacer. Vamos a renacer juntos, no estás solo. Aquí me tienes, siempre me tuviste.
Ah, cuánto deseo poseerte, tomarte para mí, beberte completo. Transformarte de una vez y para siempre. Ah, cómo me invaden las ganas, por fin estoy aquí contigo, me muestro. Los dos sentimos una paz extraña, no te preocupes. Te sientes liberado, lo sé. Yo también. Te quiero, de verdad te quiero.

Déjame ayudarte, déjame adueñarme de ti. Prometo tratarte bien y darte todo lo que no has logrado conseguir solo, todo lo que te limitaste te ha cerrado las puertas del bienestar eterno. No más. Si me dejas actuar por ti tendrás lo que jamás imaginaste o lo que tú mismo bloqueaste por idiota.
Va a pasar tu miedo. Ahora que estoy afuera tu vida va a cambiar, te lo prometo.






Francisco de Goya, Confesiones en la cárcel


Comentarios

Entradas populares de este blog

Silencio de Tierra

No más

¿Sigo siendo?