El señor del ajedrez
La muerte no distinguirá entre tú y el señor del ajedrez, aquel que te enseñó a jugar cuando se cansaba de ganarse a si mismo. Ese señor, el del ajedrez, salía al mundo citadino en bicicleta de montaña. Jamás se adaptó, como su bicicleta. Bebió el elixir demasiadas veces. Se balanceó casi literalmente por la vida que no le tocó. No estuvo ebrio de vida, estuvo ebrio de alcohol. Eso permaneció y no fue lo que lo mató. En una ocasión se calló de su mundo. Lo creímos muerto pero era muy joven aún. Se recuperó en un hospital de mala facha, pero no importó. Sus heridas eran superficiales, no requerían mucha atención. Te recordaba al señor que te enseñó a vivir. Él es otro cuento, pero eran muy parecidos. Altos, señores quemados por el andar diario en caminos sin sombra. Sus ojos claros reflejaban años de soledad y muerte. Ya estaba escrito que morirían solos desde que se encontraron como hermanos y apartaron a su madre que dejó de amamantar sus corazones... Ahora t...