El Autómata y los alcances de la mímesis
Advertencia al lector: esto que vas a ver es un ensayo que redacté para una materia de Teoría del Arte y aunque copiar y pegar un trabajo escolar no es lo que yo planeaba para este sitio, pues... yu onli liv oan. Sólo quiero demostrar que sigo escribiendo. No se aceptan críticas.
El Autómata y los alcances de la mímesis
Ensayo
by Denhi
by Denhi
Miro atenta la película La Invención de Hugo Cabret de Martin Scorsese, basada en el libro del mismo nombre. Aparece un autómata, una máquina inventada por un mago: George Méliès. Mago que años después se convertiría en un pionero de la cinematografía. Esta máquina tiene la función de un dibujante, un escritor. Tiene forma humana, pero cuerpo parecido a un androide, está sentado frente a un intento de escritorio. Cuando entra en acción dibuja imágenes de algunas de las películas dirigidas por George Méliès. Las obras cinematográficas de Méliès se caracterizan, entre otras cosas, por las narraciones mágicas, ilusorias, sorprendentes. Son películas maravillosas.
La conmemoración al cineasta que figura en la película dirigida por Scorsese, combina la magia de la historia de los primeros años del cine con la magia e ilusión características de las películas contemporáneas.
La invención de Hugo Cabret se traslada de la realidad a la ficción, o invención, desde el nivel del sentido común hasta lo que sería imposible de definir si fue real o ficticio. Se trata de una película que al hablar de asuntos históricos, se puede hacer fácil referencia a lo “real-histórico” y a lo “no real-histórico”, así como de lo verosímil e inverosímil. Escribiré sobre algunos casos.
La invención de Hugo Cabret se traslada de la realidad a la ficción, o invención, desde el nivel del sentido común hasta lo que sería imposible de definir si fue real o ficticio. Se trata de una película que al hablar de asuntos históricos, se puede hacer fácil referencia a lo “real-histórico” y a lo “no real-histórico”, así como de lo verosímil e inverosímil. Escribiré sobre algunos casos.
George Méliès (1861–1938) fue real, vivió en determinada época en cierto tiempo y espacio; los datos biográficos que aparecen en La invención… coinciden con lo históricamente aceptado. Es cierto que construyó su propia cámara al recibir la negativa de los hermanos Lumière al querer comprarles una; que estaba casado con una de sus actrices, aunque lo hizo mucho después de lo que aparece en la película; que por mucho tiempo fue olvidado y tristemente es cierto que muchas de sus películas se perdieron; que fue mago. Es cierto que terminó trabajando en una juguetería en la estación de Montparnasse. Eso a grandes rasgos, en lo obvio y por ahora incuestionable.
En otro sentido, el de la ficción, está en primer lugar Hugo Cabret. Un niño inventado para guiar la película, para hacerla un sueño, un argumento y una historia con final feliz. Es por eso que, en mi opinión, el titulo de La invención de Hugo Cabret cobra sentido. Debo aclarar que me remito únicamente a la película como una obra independiente del libro de Brian Selznick.
El autómata que construye Méliès. La máquina que es desechada de un museo y olvidada como lo fue su creador. Rescatada por un trabajador del museo que encontró en el autómata, además de un aparato sorprendente, un pretexto para pasar tiempo con su hijo y distraerse del recuerdo amargo de su esposa que murió. El autómata que termina siendo el único compañero de Hugo Cabret tras la muerte de su padre en el incendio del museo. Que tiene como destino enviar un mensaje de salvación para más de un personaje en la historia. El autómata en la película es un personaje que al ser reparado por Hugo, ayuda a encontrar su destino al olvidado Méliès y un hogar a Hugo.
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La inteligencia artificial es el tema que en los siglos XVIII y XIX sólo podía formar parte de la literatura de ciencia ficción, de los trucos de magia, de los sueños. Y es así como la representación de los sueños nos traslada nuevamente a las películas de Mèliés (así directamente a Julio Verne, su inspiración) y al autómata que construye en La invención… que indudablemente se trata de una máquina sin trucos de ningún tipo; que nos deja con la ilusión de creer que pudo haber existido. Una máquina así, en ese tiempo, no existió. Y sin embargo… parece tan real.
Y es que es tan difícil percatarse de los diferentes niveles de la ilusión. “La magia del cine” muestra en ella una imagen real de lo que en su época fue un truco, un engaño. Se muestra el autómata en La invención de Hugo Cabret como una máquina real y los efectos especiales lo hacen mucho más real ante la vista y ante la ingenuidad, sin que podamos pensar al momento de verlo que no es real. En palabras de Gombrich “no somos capaces de observarnos a nosotros mismos en cuanto que presas de una ilusión”. Aquí el asunto se puede complicar a niveles de gran problematización. Los magos inventando máquinas que imitaban acciones que conllevaban una conciencia e inteligencia humanas. Un mago que construyó su propia máquina cinematográfica para plasmar en película las ilusiones que representaba en vivo, revolucionando el naciente mundo de las imágenes en movimiento, reinterpretando los sueños, engañándonos con magia espectacular e innovadora. Una película del siglo XXI que nos dice que los autómatas sí existían como tales máquinas de imitación humana, sin trucos, con imágenes reales, en una película acerca de otras películas de un sueño acerca de otro sueño y así sucesivamente.
Es así como en una película como La invención de Hugo… se mimetiza lo mimetizado, se mimetiza y a la vez se “crea” algo nuevo, algo verosímil, un nuevo autómata que a la vez es el autómata que pudo haber existido a principios del siglo XX. “Este es aquel” explicaría Aristóteles. En contraposición con lo que Platón podría pensar. Si sabemos que el autómata “histórico” se trataba de un engaño al público, de una mímesis engañosa del ser humano, un truco de magia, por más verosímil que aparezca en la película de Hugo causará más confusión de la que ya se había suscitado, lo que nos alejará más de razonar lo que es un autómata o lo que fue un autómata. Estaremos aún más engañados… Eso me hace pensar en Platón, contraponiéndolo con Aristóteles y parafraseando de una manera quizás muy abrupta a Bozal en su libro Mímesis: las imágenes y las cosas.
La sugestión. “El turco” fue el autómata que engañó a más de uno durante casi un siglo, tal vez más. Mostró el entusiasmo social y cultural por el avance científico, reflejado en una ilusión que sugestionaba al público. Increíble y a la vez inexplicable… mágico.
Un elemento ejemplar de la emoción por el avance científico fue la obra de Julio Verne, el padre de la ciencia ficción; inspiración de George Méliès, el personaje histórico de los albores del cine y los efectos especiales. Quien ficticiamente construye una máquina, en una película del 2012, un autómata que dibuja sus películas automáticamente, activándose con la llave en forma de corazón que “da vida” a su aparato. Verosímil en nuestro tiempo, increíble e irreal para su época, que no va más allá del año 1931.


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