Invisible

A quien no debe ser nombrado,
por compartir su vida conmigo
y saber mejor que nadie
lo que soy y lo que vivo.

-->
-Eres un pájaro y soñé que volabas-, dijo Emilio a su tío. Lo miraba alegre desde lo bajo de la mesa, en la que Antonio se distraía de platicar con su madre para atender al niño.
Antonio acostumbraba sentarse en la cocina, con el pretexto de saciar el hambre, y conversar con la mujer que más historias podía contarle. Su madre no dejaba enfriar el plato ni la vida. Siempre tenía palabras para quien quisiese escuchar y una buena cena para quien llegara de estudiar. Juntos armonizaban lo que podría haber sido sólo una simple cocina.
Emilio era hijo de la hermana mayor de Antonio, que vivía con ellos por falta de presupuesto y de marido. Antonio era un estudiante de leyes a punto de terminar su carrera y a punto de matar a su hermana cuando se enteró de que estaba embarazada de no sé qué pelado. Al nacer Emilio toda historia pudo ser olvidada, incluyendo al pelado ese.
De solamente cuatro años de edad, el niño ya sabía leer, escribir, dibujarse a él y a su familia y cantar en inglés. Le gustaba ver películas todo el tiempo. Cuando la abuela se distraía, acostumbraba ver series televisivas para adolescentes. En una ocasión vio Vaselina tumbado en la alfombra y jugando con sus pies, pidiéndole a su tío Antonio que le tradujera cada que hubiera canciones en inglés. A veces jugaba con sus muñecos de acción, de spiderman, batman, superman o algún muñeco anónimo. Muy pocas veces. Le gustaban los juegos de video, más los de combates. Era un niño solitario. Su madre trabajaba todo el día, llegaba para gritar un poco y no perder la rutina; luego prendía el televisor para sintonizar la telenovela. La abuela, cansada de andar, tenía que sustituir los cuidados que la madre no ofrecía.
Antonio miró hacia abajo de la mesa y se dirigió a su sobrino, inquieto y feliz, pequeño como quien se sorprende de la vida y de los sueños por primera vez. Emilio le sonrió a su tío, éste sólo le acarició la cabeza y lo inclinó hacia sí por un momento. -Yo no puedo ser un pájaro-, le dijo. Luego Antonio volvió la vista a su vieja madre sentada frente a él. El pequeño levantó la cabeza, agarró su muñeco de acción, lo movió simulando una pelea, y se fue a la sala donde veía la parte tres de la película del hombre araña.
-También soñé que te hacías invisible-, dijo el niño volteando a ver a su tío. Antonio sólo soltó una risa disimulada. -Eso sí, pero sólo cuando no estoy con alguien-, respondió. La madre sonriente comenzó a recoger la mesa. Antonio se levantó de su asiento, dejó ahora que la vieja lavara los trastes, siempre procuraba lavarlos él y se dirigió a la sala junto al pequeño soñador.

Comentarios

Carlos V ha dicho que…
Me suena algo conocida esta historia, mmmm... sera que ya he leido (o vivido) ese libro?

Entradas populares de este blog

Silencio de Tierra

No más

¿Sigo siendo?