¿Me recuerdas?
¿Me recuerdas? Preguntó él acercándose; lo tomó de la mano y lo miró fijamente. Tras unos segundos volvió a preguntar ¿me recuerdas?, y le tomó la otra mano. Se aferró para nunca más dejarlo. ¿Me recuerdas?, insistió.
-No, no te recuerdo. ¿Cómo te llamas?
-Soy yo papá, Ismael.
-Ismael, hijo, ¿dónde está tu mamá?
- Murió hace veinte años...
Las manos estuvieron a punto de separarse abruptamente. Pero Ismael se aferró a su padre. Pasaron unos minutos... La mirada del viejo volvió a su estado anterior.
-¿Me recuerdas?, preguntó Ismael
-¡No! ¿Dónde está Monica?
-¡Ella está muerta!
-No, no... ¿Dónde está?
-Ella no está aquí
-¿Quién es usted?
-Soy Ismael, tu hijo.
- Ismael, mi pequeño. Deberías estar en la escuela
-De la escuela salí hace treinta años papá
-¿Sí? No... dile a tu madre que te lleve a la escuela hijo ¿Dónde está?
-Ella no está ...
Hablando de recordar, ésto ya valió quesito echado a perder. No me acuerdo de cómo iba yo a hacer esta entrada. Eso me para por publicarlas antes de terminarlas. Pero ni me importa, al cabo que ni quiero entradas perfectas ni quiero que todo me salga bien ni nada de eso que todos quieren. No me gusta hablar tanto de mí por aquí (para eso están mis soliloquios nocturnos), así que sólo ofreceré una disculpas por si necesitaban que este mísero texto terminara.
Y como dice José Saramago "Nadie tiene la obligación de ser bonito"...
-No, no te recuerdo. ¿Cómo te llamas?
-Soy yo papá, Ismael.
-Ismael, hijo, ¿dónde está tu mamá?
- Murió hace veinte años...
Las manos estuvieron a punto de separarse abruptamente. Pero Ismael se aferró a su padre. Pasaron unos minutos... La mirada del viejo volvió a su estado anterior.
-¿Me recuerdas?, preguntó Ismael
-¡No! ¿Dónde está Monica?
-¡Ella está muerta!
-No, no... ¿Dónde está?
-Ella no está aquí
-¿Quién es usted?
-Soy Ismael, tu hijo.
- Ismael, mi pequeño. Deberías estar en la escuela
-De la escuela salí hace treinta años papá
-¿Sí? No... dile a tu madre que te lleve a la escuela hijo ¿Dónde está?
-Ella no está ...
Hablando de recordar, ésto ya valió quesito echado a perder. No me acuerdo de cómo iba yo a hacer esta entrada. Eso me para por publicarlas antes de terminarlas. Pero ni me importa, al cabo que ni quiero entradas perfectas ni quiero que todo me salga bien ni nada de eso que todos quieren. No me gusta hablar tanto de mí por aquí (para eso están mis soliloquios nocturnos), así que sólo ofreceré una disculpas por si necesitaban que este mísero texto terminara.
Y como dice José Saramago "Nadie tiene la obligación de ser bonito"...
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