Ante lo limitado de acceder a la verdad: Una de las primeras contemplaciones del universo

(Chichen Itzá, México: El caracol u observatorio. 600 a 850 años antes de nuestra era.)

De cualquier parte,
hacia cualquier lugar...


Ahí estaban… Hombres diminutos que desviaban su mirada al cielo. De día, ellos practicaban ver de re ojo al sol. De noche, se jactaban de alegría cuando, una a una, las estrellas y la luna se dejaban ver con su hermoso brillo. Personitas que no dejaban de ver al cielo. Y había compañeros suyos que comenzaban a construir a su alrededor techos para protegerlos de algún golpe de la naturaleza. Pero ellos, los que miraban, inmóviles ante cualquier acontecimiento que no estuviera en el cielo, sólo veían hacia allá, a lo desconocido.

--Pero compañeros, decían los que no compartían el afán, vengan a pasar un rato con nosotros. Hoy cosechamos lo suficiente para poder festejar. Miren el maíz, fresco y abundante. Demos gracias a dios por tan satisfactoria siembra y hagámosle un festejo.

Los observadores no cedían. Sabían que algo pasaba sobre sus cabezas, y era algo grande, inmenso. No podían perder, pues, de vista una sola cosa.

--¿Ya miraron aquella estrella? Esa no estaba ahí. Se fue moviendo con forme los días. ¿Y ya vieron al sol? Hoy nos calienta más. Calienta más en esta posición: justo sobre nuestras cabezas. Empezarán las lluvias. Si esperamos a que anochezca, se darán cuenta que la primera estrella que se asoma es la más brillante. Y ellos señalaron hacia el sur, sin saber a ciencia cierta que aquel era el sur.

--Es en verdad increíble, se decían en coro los hombres diminutos, tantos colores, tanto brillo, y la diosa Luna bailando en armonía con las estrellas.

Tal era el afán de los curiosos, que los habitantes de aquel lugar decidieron hacer algo por ellos. Primero, al sentir su gran interés por llegar al cielo, construyeron unas escaleras para que subieran por ellas, para que pudieran tocar las estrellas. Los observadores ya habían encontrado, para ese momento, un excelente lugar para que sus observaciones fueran más exactas. Era una superficie plana en la periferia de las casas de la comunidad. Después de aplanar completamente la superficie, de tal modo que no quedara desviación que arruinara la vista, comenzaron a cimentar. Casi de inmediato los amantes de los astros se percataron de la gran hazaña, participando activamente en la formación de las estructuras.

--No, esa roca queda mejor del otro lado. Ahí, sí, ese es el lugar. ¿Notas cómo el sol entra y en un rayo traspasa ese orificio en la roca? Pues, creo saber, que eso pasará dos veces menos que cuando pase por aquella otra. ¿Pero sabes qué es lo mejor? Que cuando el sol brilla desde aquella ranura, coincide con la época de siembra.

--¿Siempre ocurre eso? Preguntaron sus compañeros. Es hermoso enterarnos que esos grandes dioses conocen cuándo exactamente necesitamos el maíz y nos avisan; por eso, dependemos de ellos. Hagamos que su comunicación con el cielo sea más directa.

--Así es, respondieron los primitivos astrónomos, aquí está todo y mucho más. Las estrellas hacen figuras de todo lo que nos rodea en la naturaleza. Además del sol y la luna, hay otras estrellas brillantes que aparecen en ocasiones muy particulares, correspondiendo a nuestras actividades cotidianas. De pronto, una de esas puede volar y cruzar nuestro cielo. También, en algún momento, nuestra diosa luna se aleja, se oculta, deja de ser nuestra luz y nos deja un anillo y en espera. Pronto regresa y nos fructifica de virtudes.

Se alegraron todos, sin distinción. El pueblo bailó porque conocía más a sus dioses. Eran felices. Y la construcción siguió alzándose al cielo.



Fin





Nota:

Nada quedó de su primer afán por conocer más allá de la tierra en que vivían y más allá de las nubes que los protegían. No hay testimonios, no existen documentos que nos hagan conocer cómo comenzaron a preguntarse sobre el mundo y el universo. Sólo queda la imaginación. Sólo quedan los restos arqueológicos: pirámides sin dueños, testigos que únicamente podremos comprender con inmensas limitaciones.

Sin embargo queda el sol, que de vez en vez se asoma por las construcciones que, en algún momento, fueron el resultado del interés de hombres diminutos que desviaron su mirada al cielo. Eso sí sabemos.
Denhi Miranda

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
En busca de los axiomas del plano hiperbólico me doy un respiro y no me canso de leer estas lineas de este blog. Me gusto
denhi miranda ha dicho que…
¡Qué buen Myspace amigo!

Te agradezco, ante todos los posibles lectores de "mis comentarios", todo el apoyo y ánimo que me das y te lo regreso alegremente.

=D viva el hiphop

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