Don José




Al despertar Gregorio Samsa
una mañana,
tras un sueño intranquilo,
encontróse en su cama
convertido en un monstruoso insecto.


[
La Metamorfósis, Franz Kafka.]




Don José llegó al Centro de Asistencia Social de Acapulco, Guerrero, quejándose de fuertes dolores en una de sus piernas. Sabía que en ese lugar comenzaría la cuenta regresiva de su vida; también sabía que ese dolor era lo único que le quedaba de un pasado enterrado en el olvido.


--"Un padre puede cuidar a diez hijos, pero diez hijos no pueden cuidar a un padre". Recuerdo que el día en que oí esa frase, de un señor que me leía la Biblia, lloré y mi llanto se confundió con las lágrimas de dolor que, ya a esas alturas, eran muy comunes. Me alejé de mi familia para no volver jamás.

Don José estaba sentado frente al director del Centro Social, un tal señor Ramírez. Se quitó el zapato izquierdo y, masajeando su talón, siguió hablándole al director. Su pie aparentaba ya no tener unión alguna con su demás cuerpo, era muy gris, parecía roca entintada en color rojizo sangre.

--Llegué aquí, señor, porque ya no pude seguir caminando. Mi pie quedó así de tanto andar. Ya no puedo. Ahora sólo quiero parar y esperar, tranquilo, mi destino.


El viejo no dejaba de sobar su pie, desesperando a cualquiera que estuviera frente a él. El director le ofreció una recámara y le recomendó, al instante, que se lavara y fuera con las enfermeras, en el segundo piso a la izquierda, para que ellas le vendaran la pierna. Sin embargo, don José no se iría sin terminar la entrevista, práctica común a todo recién llegado. Nunca más quería que lo cuestionaran sobre algo; su pasado y él mismo ya no serían de la incumbencia de nadie. El director, pues, le preguntó de su pasado:

--Mi familia ya no existe como familia. Mi esposa murió hace ocho años. Mis hijos me despreciaron cuando vieron que ya no servía para nada. Pero no, no crea señor, que ellos me corrieron a patadas. Lo que hicieron fue picarme poco a poco para que yo me fuera por mi voluntad. Y lo lograron. Mis nietos jugaban con mis ojos y con mi memoria. "Abuelo, olvidaste tus lentes. Abuelo, tus lentes cayeron a la taza del baño. Abuelo, rompiste tu gorra, dice mi papá que ya se te olvidan las cosas, que eres tonto ¿Eres tonto abuelo?". Esos niños sólo son niños, reflejo de sus padres desdichados.

El director sacó impaciente un cigarro del bolsillo de su chaqueta, al mismo tiempo que le preguntaba a don José si no le molestaba esa acción.

--No se fije señor. Yo entiendo que le estrese el tener que escuchar historias muertas de hombres a los que lo único que les ilusiona es poder morir en una buena caja. Si por mí fuera, yo no lo molestaba con mis aburrimientos. Pero quiero terminar con esto, y que me dejen en paz después.


Afirmando con la cabeza, el señor Ramírez se deshizo de su vicio contra el cenicero y, dando fastidiadas palabras de apoyo, lo invitó a que siguiera relatando su relación y posterior quiebre familiar.


--Fíjese lo injusta y contradictoria que es la vida. Uno trabaja como burro todo el tiempo, nada más para mantener a los hijos. No invierte uno ni en casa, ni en carro, sólo en la educación y sustento del niño. Y uno termina siendo para el hijo sólo una fuente de trabajo para mantenerlo. Cuando uno deja de trabajar, deja de servir. Los hijos lo dejan a uno de querer. Uno deja de formar parte de este entorno, donde el trabajador sólo importa por el trabajo mismo que hace. Somos nosotros los pobres, los obreros, maquinas de trabajo duro y con fecha de caducidad, señor, como los medicamentos. Yo me hice viejo. Dejé de trabajar y fue como si hubiera dejado de existir. Me corrieron porque ya no servía como coprero, no rendía lo suficiente. Ya ve qué para eso se necesita mucha fuerza, y yo me terminé amolando. Cuando llegué con la noticia a la casa de mi hijo, lo único que me dijo fue: "ahora tendré que mantenerte". Mantenerme, sólo pensó en eso, en mantenerme y yo, cansado de todo trabajo y toda culpa, sólo guardé silencio. Así me convertí en un mueble más de la casa. Un viejo mueble de 68 años.


...Continuará

Comentarios

Sir Eloy Caloca Lafont ha dicho que…
Si la historia de Don José apelara a la reivindicación de mi estabilidad emocional, pecaría de compararla con lo que Baudelaire tanto criticaba, un texto de carácter moralizador o de moralina apariencia. Pero no, Don José camina con su pierna deshecha en la búsqueda de otra cosa: de hilvanarse hilvanándonos a nosotros, los lectores desdichados de esta cruenta "vida cotidiana". Sí, Denhi, Don José e toi, y toi e autre, como bien dijera Rimbaud. El texto me encanta por su carácter de transmutación, por el permiso que nos otorga del otrora. Continúa así, y no dejes, por supuesto, de dotar a cada texto de una particular alma denhitzelina que refleje lo que eres: la pasión historiográfica, la eterna búsqueda del "yo" a través de un pasado que se ha dejado en las antípodas, el amor por lo sencillo y el par de ojos hermosos más hermosos que me he dignado a poder valorar. Un saludo intempestivo.
denhi miranda ha dicho que…
¿Quiere decir que yo soy Don José?
Matilde ha dicho que…
Salve Denhi:


Un error - un acierto


Como imágenes va tomando forma
como los sentimientos
me da un punto clave la leyenda


el aliento a muerte y desdén
el sometimiento de la generación
el estrés de los convertidos,
la pragmática soledad del alma

el desliz de un acto inevitable
el sentimiento corroído
en los andenes de la gloria .

La forma expresa
que da origen a la verdad de poetas
un escarnecimiento de las masas

al sublime y singular paradigma
en las realidades compuestas
el próximo alimento , tu.


Un soplo de fe
un heroico remordimiento
ante lo angelical en el acto de estar.


++Ana ++*
Sir Eloy Caloca Lafont ha dicho que…
El texto eres tú, no Don José eres tú, pero el texto es Don José. El texto debe tener un problema de identidad, aunque es excelente.
Roberto Urra Sandoval ha dicho que…
Don José debió haberla pensado dos veces antes de tener tantos hijos. Cría cuervos.


:D

Nos vemos en clase longi.

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